Cultura popular: Poesía
26/01/2011
Égloga
 
 
Esta comarca limita con la sangre y la abundancia. Cada día pude hallar en el bosque iniciales de martirio y hermosura y sobre la triste arena del país descubierto el rastro que fue dejando la violencia. Por Jorge Enrique Adoum.
Oh dulce día indígena enterrado,
puro territorio bajo el tiempo
y la ceniza: yo amaba al victorioso
general de bronce pero hay una historia
nueva entre la hierba, una voz
heroica que me llama a las raíces:

“Sobre mi provincia de paz y de sembrío
le cantaba a la leche de la luna,
a la grávida montaña; como una niña
protegía a la avena, la cuidaba del hielo
con mi cuerpo; las muchachas llevaban
audaz olor a perejil entre los senos
pero vosotros empezásteis la violencia
dijísteis: ya no es tuya la tierra.
¿No es mía?
¿No tiene mi rostro la patata?
¿No es mi título la espalda desgarrada
por la bestia? ¿No me entregó su múltiple
secreto la cabuya? ¿No es mío el sitio
donde me sedujeron los helechos?
Aquí nací llorando la llovizna
y he sembrado en el surco con mis dientes;
bajo el arenal está mi territorio
donde vive mi padre añadiéndole
un pétalo a cada rosa que se quiebra.
La semilla no es sino mi goterón
endurecido, mi lengua hiere el brutal
tabaco sin misericordia. Tu pusiste
mi nombre en el arroz: toca, entonces,
mis yemas, toca mi rostro que he golpeado
contra tu propiedad y la mazorca
de granizo. Prueba mi sangre, su sabor
de castigo en la fruta que abres
como a una mujer bajo la luna.
Todo lo que tienes a mí me estás quitando:
porque sembré y no fue mía la cosecha,
porque cuidé tu viña y no gotearon
en mis manos los racimos, tampoco
tuve el agua y la tierra conquistadas:
Soledad y pajonal, víbora y destrozo,
látigo y sequía estaban destinados
a matarme. Alimenté al ganado
y no tuve ración en su comida.
Pero sé del suelo la dimensión exacta
que será reconquistada a tu violencia
¿No es mío acaso el sitio
donde me han matado tanto?”

Ahora estoy seguro de mi culpa,
ya conozco mi república de hierbas y prodigio.
Yo iba como un ciego, llamando con mi bastón
a su sal y su neblina, pero me encontraron
el héroe y el profeta: porque
ésta es la única historia de la tierra.

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